Corredor Cultutal Autoguiado
Los pagos de Areco estuvieron siempre camino a todas partes.
Habitantes ancestrales y conquistadores, evangelizadores, estudiosos viajeros, políticos y pobladores hicieron terruño. Ellos marcaron con sus rastrilladas los caminos que hoy nos unen cómodamente al resto de los pueblos.
El agua, ríos y cañadas, nos orientan en la búsqueda centenaria. Antes de 1600 la reducción de San José, del cacique Bagual, sobre el río Areco se forma con los indios que cazados y domesticados debían ser evangelizados por los españoles.
Los jesuitas en 1620 bajo la protección de Nuestra Señora de La Begonia, en el Cuartel 3º de San Antonio de Areco a orillas del río con cuarenta familias de esclavos negros fabrican ladrillos y tejas españolas en hornos de barro manualmente.
Don Pedro Giles y su hija Rosa junto a su marido Ruiz de Arellano, marcaron más de un siglo de la historia de la zona.
Este corredor vive, cada trecho levanta, descubre un rostro, las elegimos mujeres. Ellas fueron las compañeras sacrificadas, soportaron estoicamente la vida en las pampas aparentemente monótona, mientras la historia grande se desarrollaba delante de sus ojos.
De las esposas del cacique Bagual, poco y nada sabemos, lo cuidaron hasta su muerte en combate defendiendo su tribu.
Rosa de Giles, niña joven única heredera de su padre, con un temple decisivo poco común, dejó el gran legado espiritual y económico a la comunidad que se formaba en el núcleo de su adorada capilla de San Antonio.
Josefa Torres, mujer del prócer Hipólito Vieytes, nacido en Areco por 1762, es el símbolo de la manera de amar de su siglo, fuerte, soportando y sosteniendo a su hombre, compartió los secretos de la revolución independentista; al punto de disfrazarse de hombre para proclamar públicamente los derechos de los americanos que aspiraban a la libertad.
Como siempre el río Areco develando secretos, nos muestra en el paso de Sosa a una mujer que hereda el manejo de la posta de su marido y sigue con ella hasta la mayoría de edad de sus hijos varones. Mujer y canoera rara combinación.
Casualmente, la línea de mojones que une el paso de Sosa con el de la Cruz en la cañada Honda, campo de los Maciel por los años 1860, nos presenta a Martina Maciel, estanciera, viuda, dueña de miles de cabezas de lanares y vacunos es sometida a crueles críticas por su vida privada. Sus vecinos no perdonan su comportamiento. Ella los enfrenta para mantener su amor a pesar de ser Doña.
¿Y las cautivas? Totalmente olvidadas, no había donde anotar sus desapariciones. Los viudos podían volver a casarse, tal es el punto de negación de su reinserción entre los blancos. Si alguna volvía, su sociedad no la aceptaba por su convivencia con los infieles. Muchas no quisieron volver, se adaptaron a la vida en las tolderías.
Así transcurrió ese siglo XIX en las pampas, con estos pequeños testimonios mostramos momentos puntuales que marcaron puntos de inflexión.
La llegada de cientos de miles de inmigrantes al finalizar el siglo, fue un fuerte sacudón para la economía, costumbres, política y producción. Un enfoque progresista y triunfante abrió las puertas del nuevo siglo XX.
La mujer inmigrante trajo de sus tierras natales, sus costumbres, su lengua, su idiosincrasia, produciendo una gran influencia en las poblaciones que recibieron a esas familias.
De esa combinación de culturas surgió una nueva sociedad en el siglo que iniciaba. La apertura al exterior trajo materiales, industrias, literatura y la mujer desarrolló un papel protagónico.
Muy cerca tenemos a Lía Rodríguez Muñoz y Castex, heredera también ella de grandes extensiones de campo por los Castex, su madre y sus tías. La antigua estancia poblada se convierte en poblado y así ferrocarril mediante surge el conglomerado. Queriendo ella llamarlo Castex no lo logró, en su recuerdo se nominó a esta villa surgente Lía.
Adelina del Carril nos toca muy de cerca, esposa desde 1913 de Ricardo Güiraldes, quien le escribe: "Adelina: yo no era más que un cuerpo con un cerebro, si, pero solo un cerebro para saborear mi cuerpo. Y ahora al influjo de tu cariño, lentamente me ha nacido un alma (1915)". Ella dice de él: "Ricardo nació poeta, toda su obra es poesía, fíjense el sentido del agua en Don Segundo. El agua es como el espejo en que desfilan las imágenes del pasado".
Parafraseando es que hemos recordado todos estos rostros de habitantes de estas pampas.
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